26 de septiembre de 2008

Meembra el Tracto Maldit

Cierra la puerta tras él. No dijo nada a los bienvenidos y aunque aplausos y alhajas adornaban sus ojos, se secaron los tallos de sus sesos.

Una mano se notaba bienaventurada de las sombras, de siete dedos, uno por cada sendero de cuencas inspirituadas; el mayor de color negro, brillaba lustrado por luz cristificada. No podía venir dijóle al cerro el Sol, me excusará la Luna marchita. Perlas en el fondo de su mar sobresalían rompiendo su concha para atreverse a la mañana. Completo el sepulcro se abalanza hacia los astros apagando las luces y los faros de Fantasía, mediando entre subsueños lúcidos entreabriendo ojos adormilados.

Marioneta calzada en la encrucijada desea despedazar las directrices empezando por los párpados, culpables, no dejan veer por instantes malentendiéndose penumbras por lapsos inconexos.

Expulsado de la superficie se condena a sí mismo al fondo de su pozo madurando entre escombros solitarios.

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